Unas entrevistas ni tan malandras

Félix R. Gutiérrez Rodríguez

El carácter develador e invasivo de la entrevista es un arte que pocos están dispuestos a manejar, pero Nelson Hippolyte Ortega se ha valido de él para brindar un verdadero “contrapunteo de declaraciones” que revela el lado más íntimo, comprometedor y desmedido de esas estrellas que suelen vender cosas buenas por aquello de la reputación y la imagen intachable que deberían reflejar como figuras públicas.

El periodista y licenciado en Letras de la Universidad Central de Venezuela se caracterizó en los años 80 por ese estilo retador que lo llevó a generar conversaciones irreverentes a través de este género periodístico. Dichos encuentros fueron publicados en la revista dominical Feriado de El Nacional, diario para el cual trabajó durante algunos años.

A partir de allí, decidió seleccionar los cuarenta encuentros más destacados para darle vida a este simpático libro bautizado Entrevistas malandras.

Dentro de esta interesante obra, el periodista decide enfrentar a estos mitos de los medios para mostrar la cara más humana de cada uno. Por ello, está dispuesto a forzar hasta el final cualquier situación incómoda y hacer “explotar” al entrevistado para quebrar esa cúpula de cristal desde la que se le suele mirar como alguien infalible u honorable.

Hippolyte se atreve a cuestionar el éxito internacional de Mirla Castellano, pregunta el tamaño de los cojones de Guillermo Correo o le interesa saber en qué ha invertido su dinero el Musiú Lacavalerie.

Todas estas preguntas son percibidas por el lector con una parquedad abismal, como periodista se mantiene firme: no entra en diatribas personales; se limita a seguir interrogando para conseguir la información que busca.

En un ejercicio profesional que confronta a la propia ética periodística, el ex redactor de El Nacional hace siempre las preguntas que pocos estarían dispuestos a formular cuando tienes al frente personas de la talla de la emblemática Sofía Imber; la inolvidable salsera Celia Cruz, o el famoso cantante español Raphael.

El talante del periodista se hace evidente cuando explica las condiciones en que se da cada encuentro. Es él quien se cita generalmente en los hogares de sus entrevistados, se incluye en su ambiente más personal y se involucra con cada primicia que ellos le ofrecen.

Compartió un “whiskycito” con Raul Amundaray, quien le abrió las puertas de uno de sus cuatro bares en casa; conoció la morada repleta de santos del ex presidente Rafael Caldera, y hasta estuvo en la biblioteca de unas de las luminarias del siglo XX, Arturo Uslar Pietri.

Además, son numerosos los datos, referencias y anécdotas con las que nutre su preguntas para exponerlas sin titubeos ante cada personaje. Maneja información privilegiada que le permite abordar temas delicados con cualquiera.

Importante es el punto que toca cuando habla con Caridad Canelón:

– A mí no me han usado.
– En una época parece que sí
– ¿Síiii? (su rostro permanece imperturbable, frío)
– Cuando vivías con tu madrina
– Aaaa… Mi madre pasó siete años paralítica y murió a los 36 años de un paro cardíaco. Cuando tuve que separarme de ella a los ocho años, bueno, no es que tuve que separarme, mi mamá me entregó a una señora para que se encargara de mí.

Caso digno de distinción es una pregunta que le hace a Zoe Ducós, quien fue esposa de Miguel Silvio Sanz, un “esbirro” de la Seguridad Nacional durante el gobierno de Marcos Pérez Jiménez. Ortega la interroga sobre si su marido mató al bolerista Genaro Salinas porque este estaba enamorado de ella.

Se puede asumir que las entrevistas se dieron bajos parámetros previamente discutidos con los entrevistados. Tal y como comentó Carmen Victoria Pérez antes de empezar la conversación, le advirtieron que tuviera cuidado porque este periodista (Ortega) era “terrible”.

La ironía está presente en todo momento, cada pregunta lleva la firme intención de desarmar al cuestionado hasta que se tope con su propia contradicción. La audacia con que delata a un impulsivo y agresivo Aldemaro Romero que golpeó a un hombre por tildarlo de homosexual, por ejemplo, es magníficamente contrastada con el cierre de la entrevista. “Damas y caballeros. Este fue el concierto hablado con Aldemaro Romero: músico, compositor, arreglaste, director, de orquesta y Senador de la República. Gracias”, finaliza el capítulo dedicado al famoso venezolano.

El periodista tampoco pierde tiempo para incitar confesiones políticas. Prácticamente en cada una de las entrevistas, no faltan las preguntas destinadas a conocer las preferencias por algún partido político, los trabajos con el gobierno o las relaciones con algunos presidentes. Como queda demostrado en los siguientes ejemplos:

– ¿Quizás por eso, no te pliegas a ningún partido político?
– No pertenezco a ninguna tolda. Simplemente lucho por mi país y para mi país. Aquí todos los políticos te usan y luego te dan la espalda. Te ofrecen y no cumplen. Y tú quedas mal ante los venezolanos. Echaremos para adelante cuando digan cuánto puedes hacer por Venezuela, y no a qué partido perteneces. Este país tiene que despolitizarse. Olvidarse de tanta necedad, de tanta mariquera.
Declaración de Isa Dobles

-Así habla Caldera
– No. Como Caldera nunca. Copei ha demostrado su corte fachistoide.
Ella es adeca.
– Por un asunto de identidad. Me considero una socialdemócrata. Y en este país, la socialdemocracia es Acción Democrática
Declaración de Marianella Salazar

– ¿Parece que habla con Fidel Castro por teléfono?
– ¡Ay, chico! Mira que la gente habla mentiras. Yo no puedo ver a ese hombre ni en pintura. Y ahora aunque dejen entrar a todo el mundo, ésta que está aquí no va. Yo tengo mucha vergüenza en mi cara. ¡Váyalo!
Respuesta de Celia Cruz

Para escenificar cada uno de los encuentros, su redacción es tan corta como descriptiva. Con pocas palabras, detalla las características necesarias para que el lector pueda tener imágenes claras tanto del ambiente como de las reacciones del entrevistado. Uno se puede imaginar la cara alterada o los gritos de Lila Morillo cuando le dice que ha fracasado como actriz en Hollywood; la inmensa casa de Simón Díaz, donde ha invertido su fortuna, o la pulcritud y elegancia con que se comporta Yolanda Moreno, junto a su marido, en su casa.

El salón está en penumbras. La primerísima viene bajando. Tac… tac… tac.
Presentación de Mirla Castellanos

Señoras y señores: y con ustedes el Maestro Aldemaro Romero en shores y en chancletas. En su casa. Con las uñas recién cortadas y un calzoncillos rojo intermitente.
Presentación de Aldemaro Romero

¡Qué hubo, mi pueblo!¿De novela? ¡Vengan pa´ que lo vean! -saluda el Musiú en las puertas de su Mamá chiquita. Una mole de tres pisos con rejas por todas partes.
Introducción para Musiú Lacavalerie

El portón eléctrico se abre lentamente. Arriba, al final de las escaleras, espera el servicio uniformado. Abajo los jardines con trinitarias voluptuosas, uñas de danta, palmeras, flores amarillas y un lago de aguas verdosas. Son las 7:50 am en la Lagunita Country Club.
Alí Khan termina de afeitarse
Descripción del encuentro con Alí Khan

Y de repente aparece en el lobby. Caminando entre curiosos. Tangoneando las caderas. Los glúteos. El cuerpo. Todos la miran. Aún tiene buenas piernas. ¡Azúcar!
Descripción de la llegada de Celia Cruz

Entrevistas malandras es uno de esos libros que, por una u otra razón, no deberían faltar en la biblioteca de cualquier profesional. La habilidad con la que Nelson Hippolyte Ortega empuja hacia la verdad, doblegando a los convencionalismos y a las creencias populares en torno a cualquier figura pública, resulta un ejercicio para admirar no solo por periodista sino por cualquiera que esté consciente que en el fondo todos tenemos algo de… malandro.

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