Entrevista a Odalys Hernández

Historia de una oficial
Odalys Hernández, la primera mujer policía en Venezuela
Desde Rafael Caldera hasta la Escuela Internacional de Policía reconocieron su talento

Félix Gutiérrez / Foto: Félix Gutiérrez

 

“Escogí la carrera de policía porque era la mejor, comparada con otros mercados de trabajo”, confiesa Odalys Hernández Yanez, la primera alférez mayor y oficial de policía en Venezuela y Latinoamérica.

A sus 68 años de edad todavía recuerda los movimiento de un “tatú”: complejo ejercicio de su formación policial. Narra con entusiasmo su inclusión en la histórica “policía femenina”. Describe a detalle lo impecable que se veía un oficial en tiempos de Carlos Andrés Pérez.

Hurgando en su memoria, desempolva uno por uno esos talismanes del pasado. Para dar fe de su hazaña, muestra el título de honor al mérito entregado por el Ejecutivo Nacional, las medallas de cintas azules, sus distinguidas jinetas, las fotos de su discurso y hasta el sable que le entregó el mismísimo presidente Rafael Caldera.

Con 24 años de edad ingresó a la nueva promoción de oficiales de la Policía Metropolitana (PM) que aceptó mujeres. En la escuela del gremio de El Junquito pasó dos años inolvidables en su vida. La disciplina, el compromiso, el coraje y la preparación le permitieron hacerse con un lugar respetable en un mundo, hasta ese entonces, exclusivo para hombres.

Hernández cuenta su día a día en el que fue su segundo hogar. Recuerda que a las 5:00 am los estudiantes se despertaban al toque de diana y se uniformaban en cuestión de minutos para dirigirse al patio de honor. En ese lugar, formaban filas por grados y presentaban ante el oficial de turno la “lista y parte”, resumen de los presentes. Luego, con la autorización de su superior, marchaban hacia el comedor, entonando a todo pulmón el himno del instituto.

Saliendo tan bien en Matemática como en Historia de Venezuela, aquella joven empezó a registrar un impecable promedio de 99 desde el segundo trimestre de estudio. Solo las artes marciales mostraban alguna flaqueza en la alumna más brillante del grupo. “Yo tuve como una cinta verde, algo así. No llegué muy lejos”, relata entre risas.

Su excelencia académica le abrió las puertas al extranjero. Una vez graduada, la PM le concedió una beca para un curso especializado en Estados Unidos. Fue en Washington donde la ya oficial se lució durante otros cinco meses de formación profesional.

Entre policías de todo el mundo, la venezolana llegó como la única mujer y terminó como la primera del programa, al llevarse el reconocimiento a la mejor tesis. Su trabajo sobre la policía en Venezuela maravilló a los jurados internacionales.

De regreso al país, empezó a trabajar en el área de “Control Maestro” en el comando de la PM que quedaba en Cotiza. Sus funciones consistían en coordinar el movimiento de las patrullas de acuerdo al seguimiento que les hacía a los acontecimientos desde una sala repleta de monitores.

Fue bautizada como “La oficial medias negras” luego de que recomendara a su supervisor que todos los funcionarios vistieran ese color en sus calcetines para dar mayor uniformidad. Desde ese momento, los PM empezaron a vestirse respetando esa norma.

Dentro de sus labores oficiales, conoció al padre de sus hijos, el ex comisario Lázaro Forero. “En Cotiza había una zona muy bonita donde hacían hervidos, parrillas…Uno se iba y la pasaba chévere. Ahí nos enamoramos. Luego nos casamos Forero y yo”.

Recién casada, Hernández quedó embarazada de sus dos morochas y se vio obligada a retirarse de la familia policial. Con casi 10 años de servicio, decidió dejar a un lado su pasión profesional para dedicarse a sus cuatro pequeños en un nuevo rol: el de madre. “Los hijos son lo más importante, pero nunca me desligué. Yo me fui pero Lázaro siguió en la policía.”.

Aunque se separó de su esposo años más tarde, la señora recuerda cuando Forero fue condenado por los sucesos del 11 de abril de 2002. “Lo vivimos malísimo. Desde ese momento empezamos a despreciar el sistema”, explica con su mirada en el horizonte.

Sus ganas de seguir preparándose, luego de retirada, la llevaron a obtener una Licenciatura en Tecnología Policial y un Postgrado en Recursos Humanos, gracias a un convenio que tenía en ese entonces la PM con la USM para brindar apoyos a sus ex funcionarios.

A 42 años del episodio que marcó su historia, la primera alférez mayor de Venezuela y Latinoamérica añora esos tiempos cuando la policía era un cuerpo respetado y de prestigio. “Da lastima ver la policía de antes y ver la de hora”, dice nostálgica. “Teníamos hasta un hospital. Ahí teníamos todos los servicios. No había necesidad de ir a clínicas ni nada. Pero lo tumbaron”, cuenta con resignación.

Hoy, aquella enorme escuela de El Junquito, donde se forjaron los primeros pasos de su epopeya, se encuentra clausurada por la desidia de un país que parece olvidar estos momentos dignos de recordar. Aunque los modelos cambien y las casas se caígan, Odalys Hernández Yanez mantiene en su memoria cuando fue la primera en demostrar que las mujeres también pueden ser policías.

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