Copa Libertadores, un termómetro infalible del fútbol venezolano

El actual campeón nacional registró la peor diferencia goleadora en la historia del torneo
Copa Libertadores, un termómetro infalible del fútbol venezolano
Los conjuntos criollos solo han podido trascender de la fase de grupos en cuatro oportunidades durante 51 años de competencia

Félix R. Gutiérrez Rodríguez

Se jugaba la cuarta fecha del Grupo 5 de la Copa Bridgestone Libertadores. Barinas recibía un partido de calidad internacional: el club sudamericano más titulado del mundo visitaba a Zamora FC. Aunque el estadio Agustín Tovar, conocido como “La Carolina”, estalló con el gol de Jhon Murillo al minuto 17, los argentinos masacraron la ilusión de los locales cuando en el segundo tiempo estamparon 5 goles, misma dosis que habían recibido los venezolanos hace una semana en su visita a La Bombonera, la casa de los xeneizes.

Dobletes de Juan Martínez y Nicolás Colazo, además de un tanto de Andrés Chávez, sentenciaron la eliminación del actual campeón del fútbol nacional. Un boleto de salida que también compraron Mineros de Guayana y Deportivo Táchira, los otros dos representantes criollos en el torneo, que igualmente terminaron de últimos en sus respectivas agrupaciones. Venezuela firmó este 2015 una de las peores participaciones de su historia en Copa Libertadores. De los 18 partidos disputados por las oncenas criollas en la fase de grupos, en cuatro recibieron cinco goles y en otros siete perdieron por tres o más tantos. Con 14 goles a favor y 46 en contra, los combinados criollos no pudieron pasar a octavos de final por sexto año consecutivo.

“Basta de hacer la cómica”, pronunció el ex entrenador de la selección nacional Richard Páez. Triste, alarmado y decepcionado, el también ex técnico de Mineros declaró: “No es justo que el fútbol venezolano no sea competitivo”. Una pobre competitividad que responde a tantos factores como derrotas han sufrido los conjuntos venezolanos en sus 51 años participando en Copa Libertadores.

Con las eternas excusas “somos malos”, “nos toca bailar con la más fea” o “nos falta roce internacional”, se ha querido explicar un desempeño colectivo que esconde razones mucho más profundas.

Más no siempre es mejor

Venezuela asumió en 2007 la organización de la Copa América. Los meses de junio y julio se vivieron con un entusiasmo inédito para los hombres y mujeres que crecieron en el seno de una patria beisbolera. El periodista Agustín Rodríguez Weil, en su libro Memorias de nuestro balompié, relata: “En nueve sedes y con estadios remodelados, el país volcaba los ojos por primera vez al fútbol”.

Con el orgullo inflado tras la primera realización de este torneo continental, la Federación Venezolana de Fútbol (FVF) decidió hacer una apuesta más atrevida: el número de equipos participantes en la Primera División se amplío de 10 a 18. Una decisión que también fue respaldada por el seleccionador nacional de ese momento, César Farías, quien quería “enriquecer el universo de jugadores”, tener más de dónde elegir para su proyecto en La Vinotinto.

Fue en la temporada 2008-2009 cuando el experimento empezó a rodar. “Había unos cuatro estadios que no estaban en la Primera División y la Federación consideró que esos equipos debían jugar para mantener esas infraestructuras”, explicó el periodista especializado en fútbol Pablo García sobre la conocida “expansión”.

Para García, el torneo de 10 participantes ya resultaba atractivo porque “había competitividad entre cinco equipos muy fuertes que estaban peleando el título y otros cinco que peleaban abajo para evitar el descenso”.

Con la expansión, ese atractivo se fue desvaneciendo porque perjudicó a equipos establecidos en la primera categoría: Monagas FC descendió en 2013 y ahora el estadio más grande del país, el Monumental de Maturín (construido para la Copa América), alberga partidos de Segunda División. Desde la orden de la FVF, solo existen dos casos excepcionales de clubes que pudieron establecerse en Primera División y hacerse más fuertes: Deportivo Anzoátegui y Deportivo Lara, que incluso lograron clasificarse a Copa Libertadores.

Sin embargo, después de la expansión, solo 8 equipos del fútbol nacional se han presentado en el máximo torneo continental de clubes sudamericanos hasta la fecha, que ha tenido como participantes recurrentes a Táchira y Caracas. Este último fue el protagonista del éxito más reciente de un conjunto criollo en Libertadores: cuartos de final de la edición 2009, justo después de la inclusión de otros equipos en la Primera División venezolana.

Desde la gesta de “Los Rojos del Ávila”, todos los conjuntos locales han perdido por lo menos 3 de los 6 partidos que han disputado cada temporada, ninguno ha tenido más goles a favor que en contra (con una diferencia de casi -7 goles en promedio) y solo Caracas (2011) y Zamora (2014) han logrado sumar más de 6 puntos, alcanzando cada uno el tercer lugar de sus grupos.

Luego de la expansión de la primera categoría del fútbol venezolano, el país registró sus peores actuaciones en Copa Libertadores: en 2010, Deportivo Italia y Caracas se despidieron sin victorias, con tres empates y nueve derrotas; en 2012, Zamora y Táchira solo lograron 4 puntos entre los dos, con 4 empates y 8 reveses.

Aunque Táchira marcó este año un hito en la historia del balompié nacional al convertirse en el primer conjunto que superó la clasificación previa a la fase de grupos de la Copa, el número inédito de tres equipos, que participaron en 2015, sumó el peor diferencial de goles de la temporada. Zamora incluso se convirtió en el cuadro con la peor diferencia de goles en la historia del torneo: los llaneros solo anotaron 3 tantos, recibieron 21 y dejaron su registro en -18.

El periodista deportivo Ignacio Benedetti fue uno de los grandes críticos de la última exhibición del trío venezolano en Libertadores. “Estos equipos que el martes cayeron en su debut continental compiten en un torneo sumamente mediocre”, escribió en una columna después del debut copero tanto de Zamora como de Táchira.

Equipos desechables

La fragilidad del fútbol de Primera División en Venezuela ha sido una constante desde sus inicios. La improvisación, el desconocimiento y la falta de compromiso han mermado los sueños de instituciones que se toparon con la gloria hace algunos años y hoy solo permanecen en el recuerdo de los más apasionados.

Deportivo Galicia, Club Sport Marítimo de Venezuela y Minervén de Bolívar son algunos ejemplos de estos legendarios combinados que ganaron títulos nacionales y se presentaron constantemente en Copa Libertadores. Pero problemas gerenciales, principalmente económicos, propiciaron la desaparición de estos cuadros históricos en el país.

“Aquí no hay proyectos a largo plazo y además está el tema de que muchos clubes dependen de las alcaldías o de las gobernaciones”, señaló el periodista deportivo José Ramón García sobre el caso más reciente de la desaparición de un equipo con apoyo gubernamental: Unión Atlético Maracaibo (UAM).

El cuadro marabino fundado en 2001, que fue campeón nacional en 2005 y participó en 4 Copa Libertadores, tuvo una corta pero fructífera vida hasta 2008, el año de su desaparición. El UAM cayó en una crisis económica luego de que Giancarlo Di Martino perdiera la alcaldía de Maracaibo. “Tenía unas instalaciones de lujo, llamadas La Granja. Incluso Argentina las usó para sus entrenamientos en la Copa América 2007. Pero ahorita están prácticamente abandonadas. Solo quedó una fundación con una escuela de fútbol: Fundauam”, explicó el periodista Pablo García sobre lo que quedó de esa institución.

“En Argentina, hasta el equipo más pequeño de Buenos Aires tiene cuatro canchas para practicar. Aquí Caracas tiene apenas dos propias. El resto de los equipos debe alquilar, ver dónde se resguarda o si le prestan el estadio donde jugarán para entrenar”, recalcó García.

El cumplimiento de un proyecto que se prolongue en el tiempo parece ser otra tarea pendiente para la mayoría de los equipos venezolanos. De los tres clubes que participaron en la reciente edición de Copa Libertadores, solo el técnico de Táchira, Daniel Farías, tiene más de un año con su equipo; tanto Julio Quintero (Zamora) como Antonio Franco (Mineros) asumieron el banquillo a finales de 2014.

Los éxitos de los cuatro conjuntos nacionales (Minervén en 1994, Estudiantes de Mérida en 1999, Táchira en 2004 y Caracas en 2009) que han superado la fase de grupos en el formato actual de Copa Libertadores han estado precedidos por proyectos de vieja data.

El Caracas del técnico Noel Sanvicente es el ejemplo más reciente de este trabajo progresivo: llegó a cuartos de final en 2009 con una conjunto que el estratega venía armando hace 7 años. “Chita” dirigía un equipo apoyado en figuras de la selección nacional como José Manuel Rey, Franklin Lucena, Renny Vega, Alejandro “El Lobo” Guerra y Fernando Aristiguieta. Fue esta generación de futbolista la que clasificó primera de su grupo, eliminó al Deportivo Cuenca en octavos y no pudo llegar a semifinales por la ley de gol de visitante, ” target=”_blank”>luego de empatar 0-0 en su visita al Gremio.

El periodista deportivo Gerardo Blanco expuso otras razones que evidencian la falta de un proyecto a futuro, específicamente en Zamora, el último campeón nacional. “El progresivo desmantelamiento que sufrió el cuadro federal de Barinas, con las bajas del panameño Gabriel Torres, y de los criollos Juan Falcón y Pedro Ramírez, puso fin al equipo aplomado y efectivo que armó Noel Sanvicente para darle dos estrellas campeoniles”, explica en su análisis sobre la temprana eliminación del conjunto llanero en la Copa Libertadores.

Incluso “Chita”, actual técnico de La Vinotinto y ex dirigente de Zamora, solicitó durante su estadía en Barinas la construcción de una sede deportiva para el club. Aunque para inicios de 2015 se debía contar con dos canchas con sus respectivos vestuarios y gradas, las obras tuvieron que ser paralizadas temporalmente por la falta de materiales de construcción. El gran proyecto por el que apostó la institución blanquinegra para esta temporada tampoco ha tenido resultados: otro desacierto de la directiva.

Un país lleno de problemas

Los desaciertos gerenciales tanto de los clubes como de la Federación no escapan de un contexto venezolano que cada vez se vuelve más impredecible, inseguro y desalentador.

Esa fue la percepción que tuvo uno de los futbolistas insignes de Caracas. Roberto Tucker, uno de los mejores importados del torneo, decidió abandonar el club en diciembre del año pasado por los problemas del país. “Económicamente, está muy mal. Hay mucha escasez. Con la inseguridad es lo mismo, hay que andar con cuidado. Uno se va adaptando”, alegó en su momento el defensa argentino.

La situación actual de Venezuela parece promover el éxodo de los jugadores nativos y espantar a los extranjeros. “Que la mayoría de los contratos de los futbolistas en el fútbol nacional sean de 1 o 2 años te habla de lo volátil de esta liga”, expuso José Ramón García.

Este factor también explica por qué cada vez menos jugadores del torneo local conforman la selección nacional. De la lista de 30 preseleccionados de Venezuela para la Copa América Chile 2015, solo 12 militan en clubes nacionales. Esto sin descartar a Jhon Murillo, quien tiene preparadas las maletas para dejar al Zamora y arribar al Benfica de Portugal la próxima temporada, un camino que probablemente recorran más temprano que tarde el resto de los jóvenes talentos que juegan en el país.

Para García, esta situación perjudica la competencia interna porque los talentos no aportan en el juego. Una condición distinta a la que se vivía hace 15 años, cuando “los jugadores de selección todavía estaban en el torneo local y podían nutrir al torneo de cierto nivel, para tener destacadas actuaciones internacionales”.

Las diferencias económicas entre el jugador del fútbol nacional y el de cualquiera de la región son otro punto en contra porque resultan abismales. “Los clubes están muy limitados para hacer contrataciones de jugadores importantes. Los contratos más caros de un jugador venezolano son de 30.000 o 45.000 dólares y es una gran suma de dinero. Pero cuando ves que un Boca Juniors hace una inversión de 2 millones de dólares por un jugador como Nicolás Lodeiro, eso te habla de que es muy difícil contrarrestar esto dentro de la cancha”, expuso Peter Herrera, miembro del departamento de prensa de Zamora FC.

La dificultad para conseguir boletos aéreos hacia cualquier destino también condicionan la logística de los viajes para competir en torneos internacionales. “Tuvimos que estar dos días después del partido contra Boca para poder conseguir los pasajes de regreso (…) En algunos casos en esta Copa Libertadores tuvimos que viajar por separados. Les dimos prioridad a los jugadores para que llegaran a tiempo y pudiesen tener un descanso para cada partido”, relató Herrera.

Existe una realidad nacional vasta en deficiencias y vicios que es puesta en evidencia año tras año en la mayor vitrina del fútbol sudamericano: la Copa Libertadores. Una vitrina que sigue estando muy alta para que los equipos venezolanos se asomen con firmeza, porque sin bases sólidas no se sostiene ni la mejor generación de futbolistas del mundo.

REVIVE LAS GOLEADAS A LOS EQUIPOS VENEZOLANOS:

VIDEO: ZAMORA 1-5 BOCA JUNIORS

VIDEO: DEPORTIVO TÁCHIRA 5-0 RACING

VIDEO: MINEROS DE GUAYANA 0-4 PALESTINO

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s