Richard Blanco, político y padre con P mayúscula

Richard Blanco, diputado reelecto en Distrito Capital
Político y padre con P mayúscula
El candidato de Caracas con más votos en las elecciones parlamentarias tiene dos hijos que han seguido sus pasos en el partido Alianza Bravo Pueblo. Ambos han heredado los valores de un hombre que fue boy scout, bombero, monaguillo y preso

Félix R. Gutiérrez Rodríguez / @felixgr71 
Perfil realizado el 20 de diciembre de 2015

El próximo 27 de diciembre Richard Blanco estará de cumpleaños y, como ya es costumbre, celebrará junto con los más necesitados. Desde que vive de la política, el caraqueño comparte un gran almuerzo con los indigentes de la ciudad. Sin embargo, para 2015, también quiere apagar las velas acompañado de sus hijos. Son a ellos dos, Richard Humberto y Andreína, a quienes hoy dedica su reelección como diputado y el cambio por el que Venezuela votó el pasado 6 de diciembre.

Para el actual presidente del partido Alianza Bravo Pueblo (ABP), el triunfo de los 112 diputados de la Unidad en las elecciones parlamentarias significa “un gran compromiso” con “un país lleno de frustraciones”. Las mismas que lo llevaron a emprender su carrera como benefactor social hace más de 25 años.

“Es un luchador nato que viene de los estratos más bajos”. Así lo define el concejal metropolitano de Caracas, Alcides Padilla, su viejo compañero en contiendas políticas cuando militaba en la dirigencia juvenil de Acción Democrática, partido que lo formó.

Desde que tiene uso de razón, Blanco ha ayudado a los más desafortunados. Su madre, Hilda Cabrera, recuerda cuando, siendo un pequeño de 6 años de edad, descuadraba las bolsas del mercado de la casa para, a escondidas, entregárle algunos productos a una señora que siempre pedía para comer.

Esa solidaridad es la misma que hoy pregonan sus hijos, quienes confiesan haber aprendido de él la transparencia y constancia con la cual se debe trabajar para ser mejor persona y construir una mejor sociedad. “Yo soy un trabajador a tiempo completo”, exclama Blanco.

Andreína, la hija mayor, reconoce que aunque su papá tiene un compromiso perenne con la gente, siempre está disponible para su hermano y para ella. Por eso Blanco nunca apaga su celular, esa herramienta que lo mantiene alerta las 24 horas. “Casi todos los días nos vemos, pero es un hábito encontrarnos religiosamente para almorzar los sábados y domingos. Ahora que vivo fuera del país, eso es lo que más extraño”, expresa la licenciada en Estudios Internacionales radicada en Argentina.

Sin embargo, no es la primera vez que Andreína está lejos de su padre. En 2009 una decisión política los mantuvo separados casi un año. El prefecto de Caracas para ese entonces fue detenido por supuestas agresiones a un funcionario de la Policía Metropolitana y pagó condena en la cárcel de Yare, donde él mismo explica que conoció un monstruo desde adentro: “Siempre he escuchado que la cárcel es un reflejo de cómo está el gobierno. Pues en Venezuela es un desastre: no se come bien, la comida es putrefacta. Es un sistema de hacinamiento donde se tratan como perros a los seres humanos”.

Haber estado preso “por unos delincuentes de cuello rojo rojito” no detuvo a Blanco: en abril de 2010 volvió a las calles, donde siempre ha estado para ganarse la voluntad del pueblo. “Yo siempre digo que allí (en la cárcel) entró un Richard Blanco honesto, que luchó por el país, y salió un Richard Blanco un poco más preparado”, sostiene un hombre que vivió una situación similar a la que hoy pasan los políticos Leopoldo López, Daniel Ceballos y Antonio Ledezma.

Pese al castigo del gobierno del expresidente Hugo Chávez, el actual parlamentario no guarda rencor, una cualidad que destaca su hijo y asistente personal, Richard Humberto. Él afirma que aunque su padre suele molestarse muy seguido, esto le dura muy poco: “Es cero rencoroso”.

Para Blanco, “cuando uno no ha cometido un delito, se llena de indignación pero también de fortaleza para seguir luchando”. Por eso no le da “culillo” reclamar y hacer valer los derechos de su gente, como lo hará en la próxima Asamblea Nacional a partir del 5 de enero de 2016.

“Todos hemos dado una lucha titánica por el país. Todos vamos en la misma dirección. Si no defendemos la situación, estamos mal”, expone el diputado electo por la circunscripción 5 de Distrito Capital y el más votado en toda Caracas.

Richard-Blanco1

Forrado en su chaqueta vinotinto de ABP y cómodamente sentado en su escritorio de madera, Blanco afirma que los cambios en el parlamento llegarán “independientemente de que brinquen, salten o salgan a las calles. Yo les recomiendo (a los funcionarios del gobierno) que se tomen unas valerianas, que acepten que perdieron y que la mayoría es otra”.

Una Ley de Amnistía, proyectos económicos para solucionar el desabastecimiento, la entrada de los medios de comunicación social a la Asamblea y tanto el respeto a la intervención de todos los diputados como a la representación de la minoría serán parte de las acciones de la nueva mayoría parlamentaria.

Pero antes de dar los primeros indicios de cambio en el país desde el Capitolio Federal, Blanco espera disfrutar de lo que queda de 2015 como siempre: con su gente y comiendo hallacas. “Recibimos el año todos en familia. A veces hasta va mi exesposa con su esposo y lo disfrutamos como todos los venezolanos”, cuenta el diputado desde su tranquila e impecable oficina: un cuarto frío como el color de sus paredes y adornado con el pabellón nacional y la bandera del partido que hoy preside.

En su casa también reina la tranquilidad hasta que él decide tomar un cuatro y ponerse a charrasquear, algo que disfruta hacer en sus ratos libres. Blanco es admirador confeso del llano venezolano y su música tradicional, especialmente de Reynaldo Armas, “pero también le gusta el vallenato. Es muy pachangoso”, advierte su hija Andreína.

Aparte de tocar cuatro, Blanco aprendió a hacer nudos de todo tipo cuando fue boy scout, a rezar durante su época de monaguillo y a dar los primeros auxilios cuando perteneció a los bomberos juveniles. Aunque es católico y socialdemócrata, entiende que en el mundo hay para todos los gustos, olores, colores y sabores: “He tomado Coca cola, Pepsi Cola, Manzanita, Frescolita, Uvita, Chinotto y Piñita”.

El único defecto que tiene, según Andreína y Richard Humberto, es que prefiere el barco que el león: es fanático de Navegantes del Magallanes, mientras que sus hijos apoyan al eterno rival, Leones del Caracas.

Pese a las diferencias deportivas, los Blanco forman un equipo en otro campo: la política, donde pretenden siempre jugar limpio y en beneficio de los más necesitados.

El presidente de ABP asegura disfrutar la política como la vida misma, porque es “un instrumento verdadero, cuando se hace con cariño, de los requerimientos del pueblo. Sufro y vivo porque vengo de abajo. Yo nací en Lídice, La Pastora”.

Con sus casi 1,90 metros de estatura, el diputado reelecto espera seguir estando a la altura de los compromisos. A punto de rebasar los 50 años, cree que no existe fecha de vencimiento para seguir luchando por cambiarle la cara a una patria golpeada. “La gente sabe quién es Richard Blanco. Yo soy un trabajador a tiempo completo, tengo 25 años en la administración pública, fui el último prefecto de Caracas y he dejado huella en el país”, repite un hombre que, cuando hace política, lo hace de corazón, lo hace “con P mayúscula”.

Nota realizada para una actividad universitaria 

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