Regreso de billetes con tres ceros anuncia el fracaso del bolívar “fuerte”

El Banco Central de Venezuela (BCV) pondrá en circulación seis nuevas denominaciones del cono monetario nacional a mediados de diciembre de este año, así lo informaron en noviembre fuentes extraoficiales relacionadas con la máxima institución financiera del país. La introducción de nuevos billetes de 500, 1.000, 2.000, 5.000, 10.000 y 20.000 bolívares representa el regreso al papel moneda de las cifras con tres ceros, esas mismas que quiso desaparecer la reconversión monetaria implementada en 2008 por el gobierno del ex presidente Hugo Chávez y que trajo al mercado el denominado “bolívar fuerte”.

Hace ocho años, el gobierno nacional inició una campaña para simplificar las transacciones de los venezolanos. A partir del 1 de enero de 2008, el billete de 1.000 bolívares perdió sus tres ceros para convertirse en 1 bolívar fuerte y así ocurrió con todas las demás denominaciones. El proceso del canje entre billetes y monedas se extendió por seis meses y para principios de 2009 Venezuela ya se cotizaba en una moneda “fortalecida”.

El BCV explicó en aquel momento que el propósito de la reconversión era “fortalecer la moneda y reafirmar el objetivo de la estabilidad de la economía, en el marco de un conjunto de políticas orientadas a favorecer el crecimiento económico y el desarrollo económico-social del país”. La medida pretendía hacer más eficiente el sistema de pagos (al manejar cifras más pequeñas) y reforzar la confianza en la moneda nacional.

Sin embargo, casi nueve años después, esos objetivos se quedaron en el papel: la economía venezolana, lejos de crecer, se sumirgió en una de las peores crisis de su historia. Aquí explicamos cinco razones que lo demustran:

1. Los precios siguen por las nubes

La inflación o Índice de Precios al Consumidor (IPC) es un indicador que mide la evolución de los precios de una canasta de bienes y servicios representativa del consumo familiar durante un período determinado. Su aumento indica un deterioro de la economía.

La inflación venezolana pasó de 30,9% en 2008 a 180,9% en 2015, lo que representa un aumento de 485,4% en ocho años de reconversión monetaria. Aún el BCV no ha informado el IPC correspondiente a este año, pero fuentes internacionales estiman que podría superar 700%.

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2. La producción va palo abajo

El Producto Interno Bruto (PIB) es el valor de los bienes y servicios finales producidos en el país durante un período determinado. Su disminución evidencia un bajón en la producción nacional y cuando se ubica con valores negativos, se habla de una contracción económica. A este nivel llegó Venezuela en 2015, cuando cerró cn un PIB de -5,70%. Este número sigue en caída libre para este año según estimaciones de organizaciones internacionales.

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3. Hay dinero pero sin valor

La liquidez se refiere a la facilidad con que un activo  puede venderse rápidamente. Los billetes y monedas emitidos por el BCV representan los activos más líquidos.

El aumento de liquidez debe estar respaldado por un aumento similar en el PIB. De lo contrario, se estarían emitiendo billetes sin respaldo o “inorgánicos”, es decir, sin correspondencia a los bienes, productos y servicios que produce el país. Esta acción genera mayor inflación porque se estaría colocando en el mercado más dinero para comprar igual o menor cantidad de productos o servicios y, de acuerdo con la lógica de la ley de oferta y demanda, eso hace que aumenten los precios.

En 2015, el máximo ente financiero del país emitió el máximo histórico en billetes y monedas (308,76 millardos de bolívares), justo cuando el PIB tocó su nivel más critico desde la reconversión monetaria (-5,70%).

 

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4. El bolívar perdió la fuerza

El BCV explica que una devaluación es la “reducción del valor de la moneda nacional respecto del valor de las monedas extranjeras. Se manifiesta como un aumento en el tipo de cambio nominal, es decir: se requiere mayor cantidad de unidades monetarias nacionales para adquirir una misma cantidad de moneda extranjera”.

El valor del dólar, controlado por el estado desde 2003, empezó a cotizarse en 2008 a 2,14 bolívares y hoy se consigue a casi 665 bolívares (según la tasa Simadi del 1 de diciembre), por lo que el “nuevo” bolívar ha perdido 30.974,77% de fuerza en ocho años de existencia.

El gobierno nacional ha probado durante 13 años de control cambiario hasta con tres tasas de cambio simultáneas, dirigidas a distintas actividades económicas y determinadas de acuerdo con sus prioridades. Sin embargo, independientemente del porcentaje de liquidación o del tipo de actividad para la que liquide, se ha considerado el máximo valor entre las tasas del año para la realización de este gráfico.

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Con más dinero pero más pobres

La reconversión monetaria pretendía reducir el número de billetes necesarios para hacer transacciones comerciales cotidianas y así cumplir con el promedio universal recomendado para manejo de efectivo: entre 12 y 16 billetes por persona. Sin embargo, los sucesivos aumentos salariales decretados por el gobierno nacional llevaron a que el sueldo mínimo que se podía tener con solo siete billetes de 100 (el de más alta denominación) en 2008 necesitara de 270 de los mismos para llegar al ingreso mínimo del venezolano este año.

Aunque el aumento salarial entre 2008 y 2016 fue de 3.289,77% (casi 33 veces), hace nueve años se necesitaban poco más de cuatro salarios para comprar la canasta básica familiar y hoy son necesarios 21.

Esta pérdida de poder de compra ha obligado a que los venezolanos lleven grandes pacas de billetes para hacer sus operaciones comerciales. “Yo fui a una tienda a comprarle  unos zapatos a mi hija que me salieron  en 10.000 bolívares, pero el punto de venta estaba dañado. Me tocó ir  al banco a cobrar un cheque para llevar el efectivo. En la agencia me  dieron puros billetes de 20 bolívares y tuve que salir cargada; no es  nada práctico, y además uno se expone”, señaló a El Nacional una compradora en el Centro Comercial Sambil Caracas.

 

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Cervecería Polar asegura que aumento de precios en cervezas no es su culpa

Cervecería Polar se lavó las manos sobre el aumento constante de las bebidas que produce. “No somos responsables del costo de la materia prima”, indicó este lunes su directora general, Marisa Guinand.

La vocera ofreció una rueda de prensa hoy, en la cual explicó que el aumento de 10.000% en el costo de las divisas que necesitan para comprar materias primas tiene una consecuencia lógica: “Por eso antes una caja de cerveza costaba 3.000 bolívares y ahora se consigue hasta en 10.000 bolívares”.

Lamentó que por el dólar que la última vez compraron en 6,30 bolívares hoy se debe pagar más de 600 bolívares, de acuerdo a las cotizaciones de la tasa Dicom, un sistema del cual han sido discriminados. Guinand explicó que en febrero de 2016 recibieron “el último barco de cebada malteada adquirido mediante el mecanismo cambiario vigente a la fecha, a un costo de 6,30 bolívares por dólares. Desde ese momento no hemos tenido acceso a ninguno de los mecanismos vigentes de adquisición de divisas para la importación de materias primas”.

La negativa del gobierno nacional obligó a Cervecería Polar a solicitar un préstamo en el extranjero, colocando como garantía un activo de su propiedad, que le ha permitido reactivar progresivamente las operaciones en todo el país. “Ninguna otra empresa en Venezuela ha hecho esto”, sostuvo la directora general. La adquisición de 35 millones de dólares a través del un banco en Curacao, que equivalen a tres barcos de materia prima, podría garantizar la producción hasta diciembre, estimó Guinand.

Todos los productos estarán disponibles próximamente en los comercios del país. “Progresivamente tendremos todo nuestro portafolio de marcas”, aseguró Guinand este lunes. La empresa también insistió en su compromiso con los venezolanos: “Queremos producir y trabajar en paz”.

Nota publicada en El Nacional 

Nuevos precios justos volvieron insignificante el último aumento salarial

Aquella teoría popular “Si aumentan los sueldos, aumenta todo” se comprobó con los recientes anuncios de la Superintendencia Nacional para la Defensa de los Derechos Socioeconómicos (Sundde). Los nuevos precios de productos de higiene personal, harina de maíz, leche y pollo, publicados a finales de mayo, dejaron en el olvido el último aumento del sueldo mínimo para “proteger el empleo, los salarios, las pensiones y los ticket de alimentación”, como aseguró el presidente de la República, Nicolás Maduro, a principios de ese mes.

El pasado 1 de mayo, el sueldo de los venezolanos escaló 30% para pasar de 11.578 a 15.051 bolívares, una acción del gobierno nacional que, si pretendía defender el poder adquistivo, recibió una goleada (como son tiempos de fútbol) con un combo de incrementos que van desde 200 hasta más de 1.800% en parte de los productos de la canasta básica familiar.

La ola de aumentos oficiales de “precios justos” empezó el 21 de mayo, 9 días despues de que el ministro de Industria y Comercio, Miguel Pérez Abad, informó que la Sundde haría los respectivos anuncios. El representante explicó en su momento que la medida buscaba “fortalecer la distribución y venta de los productos de primera necesidad” pero “considerando costos de producción, distribución y venta”.

El primer anuncio de aumentos fue para los productos de higiene personal, después le siguieron la harina, el maíz, el pollo y la leche. La carne aún sigue en cola para estrenar nuevos dígitos. 

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Todo sube

La Sundde ha publicado hasta la fecha los nuevos precios de cinco productos de higiene y cuatro productos alimenticios. En algunos casos, los venezolanos deberán pagar hasta 13 veces más lo que solían dar por un pollo entero, por ejemplo. La lista de “adecuación de precios justos” evidencia cambios que superan al menos ocho veces más el aumento salarial número 12 decretado por Maduro y el número 33 de la denominada “Revolución Bolivariana”.

Kilo de harina de máíz blanco: de 19 a 190 bolívares (aumento de 900%)

Kilo de harina de maíz amarillo: de 19 a 177 bolívares (aumento de 831,5%)

Kilo de maíz blanco en grano: de 15 a 96,5 bolívares (aumento de 543,3%)

Kilo de maíz amarillo en grano: de 22 a 88 bolívares (aumento de 300%)

Kilo de pechuga de pollo sin hueso: de 185,9 a 1.457 bolívares (aumento de 683,7%)

Kilo de pollo beneficiado entero: de 65 a 850 bolívares (aumento de 1.207%)

Paquete de toallas sanitarias (8 unidades): de 17,5 a 114,3 bolívares (aumento de 553,1%)

Crema dental (40 cc): de 17,5 a 118,9 bolívares (aumento de 579,4%)

Papel higiénico de 193 hojas (4 unidades): de 20,6 a 162,2 bolívares (aumento de 687,3%)

Jabón de baño de 150 g (1 unidad): de 11,4 a 132,3 (aumento de 1.060,5%)

Pañales talla P (32 unidades): de 98,4 a 333,7 bolívares (aumento de 239%)

Pañales talla M (32 unidades): de 108,2 a 483,9 bolívares (aumento de 347%)

Pañales talla G (32 unidades): de 122,2 a 442,7 bolívares (aumento de 262,2%)

Pañales talla XG (32 unidades): de 138,2 a 537,1 bolívares (aumento de 288,7%)

Litro de leche pasteurizada (900 cc): de 18 a 355 bolívares (aumento de 1.872%)

Una canasta inalcanzable

El incremento casi diario de los precios de los productos, lejos de los anuncios oficiales, es una realidad que atormenta cada vez más a los venezolanos. La desesperación por conseguir comida se evidencia en los saqueos diarios que vive el país y en un hecho inaudito: se necesitan más de 17 sueldos mínimos para cubrir la lista de alimentos requerida por un familia de cinco personas para comer al mes.

De acuerdo con el último informe del Centro de Documentación y Análisis Social de la Federación Venezolana de Maestros (Cendas-FMV), la canasta básica familiar subió a 256.146,8 bolívares en abril, es decir, 52.202,8 bolívares más (25,6%) con respecto al mes de marzo de 2016, cuando se ubicó en 203,943,9 bolívares.

Los alimentos subieron de 142.853,2 a 184.906,3 bolívares (29,4%), mientras que los artículos de higiene personal y limpieza del hogar aumentaron de 5.816,3 a 7.673,6 bolívares (31,9%).

Ganar más = gastar más

Nicolás Maduro ha continuado con el legado económico del gobierno del ex mandatario nacional Hugo Chávez. Durante sus tres años de gestión, el actual presidente de la República ha anunciado 12 aumentos del sueldo mínimo para llevar a 33 los ajustes en el ingreso mensual de los venezolanos durante los 17 años de hegemonía chavista en el país.

Entre 2013 y 2016, el sueldo mínimo ha pasado de 2.047 a 15.051 bolívares, un aumento de 635,2% que ha servido de bandera para este gobierno ante una inflación que el Banco Central de Venezuela precisó en 180,9% en 2015 y que el Fondo Monetario Internacional (FMI) estima que puede cerrar 2016 en 720%.

Sin embargo, la diferencia entre el poder adquisitivo y el precio de los productos se ha ampliado conforme avanza el gobierno de Maduro. En 2013, cuando el jefe de Estado se juramentó, los venezolanos necesitaban invertir más de cuatro salarios mínimos para cubrir la canasta básica familiar; actualmente, necesitan ahorrar 17 salarios para comprar todos los productos de esta canasta.

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Nota publicada en El Nacional

Productores y comerciantes se alinean en un solo mensaje: “No a los CLAP”

El nuevo sistema de distribución impuesto por el Estado no ha sido bien recibido entre productores y comerciantes. Al menos eso se ha evidenciado en las primeras declaraciones de distintas organizaciones nacionales sobre los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP), la apuesta más reciente del gobierno nacional para garantizar que la comida llegue a la mesa de los venezolanos.

Ahora estas organizaciones comunales serán los nuevos distribuidores de los productos regulados, tal como lo afirmó recientemente el presidente de la República, Nicolás Maduro. “Primero los CLAP, después lo demás”, dejó claro durante una cadena nacional de radio y televisión.

El Consejo Nacional de Comercio y los Servicios (Consecomercio) y la Federación de Ganaderos de Venezuela (Fedenaga) han rechazado la medida gubernamental por distintas vías: el primero publicó un comunicado en su página web el pasado viernes 3 de junio, mientras que la segunda expuso sus razones por medio de uno de sus voceros.

Para Consecomercio, “es evidente que la medida solo responde a fines políticos y no sociales”. El organismo gremial de comerciantes y expendedores expuso en su publicación que “el gobierno que hoy pretende concentrar la distribución de alimentos en todo el país es el mismo que viene de fracasar con el manejo de sus redes Mercal, Pdval y Bicentenario”.

Víctor Maldonado, director ejecutivo de la Cámara de Comercio de Caracas, cree que los CLAP son una “ficción” porque el gobierno insiste en que este nuevo mecanismo haga directamente “lo que ellos no permiten que haga el sistema de mercado”. Así declaró este lunes en una entrevista a Unión Radio.

El asesor de la Federación de Ganaderos de Venezuela (Fedenaga) Rodrigo Agudo aseguró que los CLAP “son un partido político que discrimina” en la distribución de alimentos. “El Estado en vez de apoyar a los productores, le da dinero a ellos, que creen que solo pueden comer los afectos al gobierno”, criticó este domingo en una entrevista a Globovisión.

La nueva decisión del gobierno tomó por sorpresa a los populares comerciantes chinos de la avenida Fuerzas Armadas (Caracas), que hace 15 días habían sido notificados de la desviación de mercancía pero fue el pasado jueves cuando recibieron una aviso formal: un contrato. “Yo no firmé ese contrato y no lo voy a hacer (…) Los CLAP son unos bachaqueros uniformados”, declaró un vendedor de origen asiático al medio Crónica Uno.

Un gerente de un supermercado de la urbanización caraqueña San Martín también fue notificado el jueves sobre que los camiones no recibirán su guía de movilización para llegar hasta el local.“Los productos van a ser distribuidos por los CLAP, de hecho algunos de sus miembros están en el depósito esperando a ver si llega algún camión para desviarlo”, informó desde el anonimato a El Nacional.

Responsabilidades compartidas

El pasado jueves 2 de junio los caraqueños reprobaron por primera vez una acción de los CLAP: los ciudadanos que hacían cola en un establecimiento en la Avenida Fuerzas Armadas protestaron luego de que un camión cargado con alimentos fue desvíado a la organización de la comunidad que ahora asumirá la responsabilidad de repartir la comida.

La acción desató el repudio inmediato por las redes sociales, en las cuales hasta un supuesto anuncio de la cadena de supermercados Unicasa confirmó la llegada del nuevo sistema de distribución, que entraría en vigencia el viernes 3 de junio.

Los CLAP sustituyendo al Supermercado Unicasa y Central Madeirense.
¿Llegará realmente a todos los Ciudadanos?

Sin embargo, ese mismo día, el ministro de Alimentación, Rodolfo Marco Torres, descartó que la distribución de alimentos fuese tarea exclusiva de los CLAP.  “Los abastos, supermercados y los Comités Locales de Abastecimiento y Producción están distribuyendo alimentos en todo el territorio nacional”, aseguró a los medios de comunicación luego de una reunión que sostuvo con el sector universitario.

La Asociación Nacional de Supermercados y Autoservicios (ANSA) también aseguró que la venta de productos de la cesta básica y cuidado personal seguiría igual.

Los supermercados afiliados a ANSA mantienen la venta de productos de la cesta Básica y Cuidado Personal

Los productos recibidos en nuestras tiendas serán vendidos en nuestras tiendas, como ha sido hasta este momento…!!

Proceso en clave

Los CLAP, creados por orden presidencial el 3 de abril, están vinculados a los consejos comunales impulsados por el gobierno nacional, y sus competencias van desde el levantamiento de un censo de la localidad hasta la venta de bolsas cuyo contenido y fecha de entrega son impredecibles.

El Ministerio de Alimentación explica que son la “nueva forma de organización popular” encargada de la distribución casa por casa de tres tipos de bienes: alimentos, productos de higiene y medicamentos.  

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Nota publicada en El Nacional 

Control cambiario: cronología de una devaluación anunciada

Un bolívar menos fuerte cada vez más
Control cambiario: cronología de una devaluación anunciada
Un total de 10 ajustes en los tipos de cambio ha realizado el gobierno desde 2003. Para la fecha, los venezolanos cuentan con dos tasas cambiarias y pueden conseguir dólares preferenciales hasta en 200 bolívares

Félix R. Gutiérrez Rodríguez / @felixgr71

En febrero de 2016 Venezuela cumplió 13 años de control cambiario, la apuesta económica del ex presidente Hugo Chávez y el legado que continua actualmente Nicolás Maduro. Este año los resultados son evidentes: aquel dólar a 1,6 bolívares (1.600 de los viejos) que se podía comprar a principios de 2003 hoy se consigue oficialmente hasta en Bs. 200, 125 veces más que su valor inicial: una devaluación sin precedentes en el país.

Una devaluación es la “reducción del valor de la moneda nacional respecto del valor de las monedas extranjeras. Se manifiesta como un aumento en el tipo de cambio nominal, es decir: se requiere mayor cantidad de unidades monetarias nacionales para adquirir una misma cantidad de moneda extranjera”, explica el Banco Central de Venezuela (BCV).

Fue el 5 de febrero de 2003 cuando inició esta historia de restricciones, que afectó a los venezolanos que estaban acostumbrados a obtener dólares libremente en las casas de cambio…

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Precio de uniformes escolares aumentó 33% en dos meses

Ni con dos sueldos mínimos (7.421,67 bolívares cada uno) alcanza para comprar el uniforme para un día de colegio de un niño. Entre camisa, pantalón, suéter, zapatos y medias se gastan casi Bs. 20.000 en las tiendas caraqueñas.

Para la fecha, comprar el uniforme escolar es 33% más caro que hace dos meses, cuando vestir a un niño costaba aproximadamente Bs. 15.000, según un trabajo especial realizado por el El Nacional Web, el 19 de junio.

“Los precios varían dependiendo de la talla y de la calidad o la marca del producto”, explicó Rosángela Espinoza, quien trabaja en la tienda Ovejita del centro comercial IPSFA, ubicado en Los Próceres.

Actualmente los precios de las chemises de preescolar, amarillas o rojas, alcanzan hasta Bs. 1.746, mientras que las blancas, para estudiantes de primaria, pasaron de costar 1.500 a  aproximadamente 2.200 bolívares en dos meses.

Las chemises azules y las beiges, usadas por alumnos de bachilleratos, también aumentaron. Costaban Bs. 1.600 y ahora se consiguen entre 2.300 y 2.900. Las camisas, que en junio no pasaban de 1.600, ahora están hasta en 2.400 bolívares.

Los pantalones también subieron de precio durante este tiempo. Los de poliéster cuestan  Bs. 3.500; los de gabardina, Bs. 4.500. Atrás quedaron los precios entre 1.700 y 1.900 bolívares que exhibían estas prendas hace dos meses.

El par de medias, que a mediados de 2015 se compraban en Bs. 80, hoy está hasta  en 440 las finas y 870 las gruesas.

Otro aumento notable está en los suéteres con capuchas, que pasaron de Bs. 2.500 en junio a un rango entre 3.500 y 5.500 bolívares en agosto.

Los zapatos siguen siendo los productos más costosos de la indumentaria escolar. Un par hasta la talla 34 vale 4.400 Bs; las tallas superiores pueden costar hasta  12.000. Para junio, los zapatos tanto escolares como deportivos no pasaban de 8.000 bolívares.

 El uniforme para educación física tampoco se salvó del alza de los precios. Las franelas blancas se consiguen entre 1.000 y 1.600 bolívares, mientras que los monos, en sus múltiples marcas, pueden encontrarse desde 1.200 hasta 6.600 bolívares.

Ahora o nunca

El constante aumento en los precios de los productos ha obligado a los padres a comprar los uniformes lo más pronto posible. “Este mes han comprado muchísimo. Se llevan entre 4 y 5 chemises por compra. La gente prefiere comprar ahorita”, comentó Rosángela Espinoza.

Espinoza, quien lleva cuatro meses como vendedora en la tienda Ovejita, explicó que cada vez que la mercancía se agota y se hace un nuevo pedido, vienen con precios más elevados.

Faustino Alvarado, representante de la distribuidora de uniformes Mavempa, explicó las consecuencias que tiene la economía del país en la producción textil. “Les despachamos a varios clientes en mayo con un precio, pero ahorita no es el mismo precio. Todos salimos perdiendo”, apuntó.

Alvarado, quien trabaja en la empresa ubicada en La Yaguara, también explicó que debido al incremento constante del precio de las telas, no producirán uniformes escolares para este año. “No hay telas para chemise y cada vez que iba a comprarlas, valían 500 o 600 bolívares más. Hoy el kilo de tela cuesta 3.200 y solo trae dos metros”, señaló.

Nota publicada en El Nacional