El formato de los dividendos


El formato de los dividendos

 Félix R. Gutiérrez Rodríguez / @FELIXGR71

No fueron pocos los que lanzaron sus críticas luego de la eliminación de Venezuela en la Serie del Caribe. Propios y extraños al béisbol, en su mayoría, apuntaron a un solo culpable de la debacle de Caribes de Anzoátegui ante Vegueros de Pinar del Río: el formato. La novena cubana, que apenas ganó un juego en la primera fase, sacó en semifinales al cuadro criollo, el único invicto en esta instancia.

Este radical cambio en el modo de juego se instauró en la última edición que se celebró en Margarita, cuando Navegantes del Magallanes quedó afuera en iguales condiciones. Para 2014, muchos alabaron los beneficios económicos que trajo el jugar semifinales y una final en un torneo que solía decidirse por mayor número de victorias.

Oscar Prieto Párraga, presidente de la LVBP, rescató en esa oportunidad las cifras positivas que dejó este formato para la Serie jugada en el país. “Yo reivindico mucho la parte económica. Creo que las dos semifinales separadas fueron buenas para el negocio. Meter 12 mil personas para la primera semifinal y 16 mil, algo así, es un éxito. Los organizadores tienen que cubrir costos y es la única forma de buscar ingresos”, declaró el directivo nacional hace un año.

Este año, tras la eliminación de los representantes venezolanos, volvió a defender el sistema de juego: “A mí me gusta el formato. Es mejor que el anterior y sí hay uno mejor que lo traigan a la mesa y lo estudiaremos”. Para el mandamás de la pelota criolla, esta modalidad es “positiva”, le da mayor dinamismo a la competencia y es muy “difícil” cambiarla.

Probablemente un reglamento que estipula eliminar a solo un equipo en primera fase, dar oportunidad de coronarse a conjuntos con récord negativo o desestimar el perfecto registro de novenas que derrotaron a todos sus contrincantes siempre estará en tela de juicio para los “favorecidos” y sus “víctimas”. En esta oportunidad, los venezolanos podrían colgarse el segundo letrero.

Sin embargo, hay una máxima del deporte que suele cumplirse muy a menudo en el béisbol. Así como el fútbol no es de merecimientos sino de resultados, en la pelota hay que ganar “el bonito”. Y bajo esa premisa, hoy Cuba es un “justo” campeón.

Las declaraciones de Párraga no fueron casualidad. El béisbol es un espectáculo respaldado por intereses monetarios cada vez más evidentes. Detrás de cada pitcheo o batazo hay un fin lucrativo de esos grupos que han decidió vanagloriarse temporada tras temporada, y del cual todos somos culpables, sin excepciones.

Por supuesto que vender esperanza hasta el último partido incentiva la asistencia a los estadios, que unas semifinales con algún “patito feo” se cobra a un precio muy alto y que este “protegido” del sistema se proclame en el torneo llama la atención de millones de capitales.

Este formato no se hizo para ganadores; por lo menos no en el terreno de juego. Lamentablemente el destino de una de las mejores representaciones de Venezuela en la Serie del Caribe ha sido sentenciado por las tendencias mercantilistas de una disciplina que cada vez se fija más en los números, pero en los de las cuentas bancarias.

En San Juan, la eliminación de Caribes de Anzoátegui demostró que el béisbol moderno no premia victorias; busca dividendos.

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